(Por Matías Magán) Martín Malarczuk, de 23 años, nació en la ciudad de Apóstoles, Misiones, y forma parte del equipo nacional de esquí acuático. Junto a su familia tiene un lago artificial donde es profesor y al mismo tiempo se entrena al máximo para las competencias. Es el presente y futuro de este deporte, donde se destaca en la disciplina slalom.
- ¿A qué edad arrancaste con el esquí acuático?
- Empecé a los 7 años en el Río Paraná, en Ituzaingó, donde teníamos una casa. Ahí arranqué recreatiamente, jugábamos, también hice un poco de wakeboard. A los 14 años fui a tomar una clase con Jordi Renosto. Jorge, su padre, tiene una escuela de esquí hace 42 años. En ese momento tuve una lesión en la rodilla y no podía hacer wakeboard entonces arranqué con el slalom. Una semana después hubo un torneo en Buenos Aires, en el Río San Antonio y me fue demasiado bien, gané el primer torneo en el que participé.
- ¿Esto del esquí viene de herencia familiar o te gustó mucho y decidiste competir?
- Mi papá esquíaba desde joven con sus amigos y primos, solían hacerlo en el arroyo Chimiray, en Ituzaingó, o hasta en Itaibaté. En ese momento los esquíes eran de madera, y justamente Jorge Renosto tenía una fábrica. Ahí fue por un lado que hice el contacto para arrancar.
- ¿Cómo definirías a esta disciplina?
- Es una disciplina muy técnica, en sus tres variantes, slalom, figuras y saltos. Mi fuerte y al que más tiempo le dedico es el slalom. Hay que estar muy bien físicamente ya que en los torneos estas 6 o 7 minutos en competencia de máximo rendimiento. Requiere mucha estrategia, mucho físico y sobre todo técnica.
- Y tu fuerte, el slalom, ¿en qué consiste exactamente?
- Es en una cancha que tiene seis boyas, es una cancha simétrica, que de los dos lados ida y vuelta es igual, la lancha va por el medio. De la barra a la boya hay 11 metros y medio. Tenés que pasar las 6 boyas con un determinado corte de soga, el primero es de 14 metros. Cuando la lancha para te acortan la soga y cada vez se va haciendo más difícil. La lancha siempre va a la misma velocidad, 58 km/h, y ahí hasta que te caigas o erres una boya, esa es la marca que hiciste
- En el 2011 lograste una meta muy importante, consagrarte campeón en la categoría Open.
- Sí, la verdad que fue un logro muy importante. Desde que había arrancado el deporte en Argentina sólo lo habían ganado dos argentinos. Siempre eran Jordi (Renosto) o Javier Julio. Por eso, aparte del logro personal, fue inolvidable, sobre todo para la historia del esquí misionero.
- ¿Por qué se necesita un lago? ¿Es imprescindible o también puede hacerse en aguas abiertas?
- Es complicado hacerlo en aguas abiertas ya que el lago está fabricado especialmente para el deporte, o sea es como una pileta olímpica. Está hecho con las costas para que no haga rebote. Las condiciones de seguridad están armadas especialmente para la disciplina, tiene árboles alrededor para el viento. En el río es muy complicado, es un lugar público, hay lanchas dando vueltas, tenés corriente. El lago es un lugar cerrado y tenés la seguridad de que nadie te va a tocar nada.
- El Panamericano de Guadalajara fue de las experiencias más importantes que tuviste, ¿qué recuerdo tenés?
- Fue un antes y un después, sobre todo el año 2011, la previa a los Juegos, fue todo una suma de cosas. El Panamericano fue fuerte, fui el único misionero que participaba y los días anteriores eran llamadas todo el día, notas, la presión la sentía mucho. Estar en el muelle esperando el turno fue de lo más fuerte que me pasó, alrededor de seis mil personas mirando, el lago completo de gente a la redonda, tribunas, los periodistas. Todo lo que me pasó en ese mes lo escribí, así que cada vez que tengo un tiempo lo leo y todavía no puedo creer lo bien que la pasé. Fue una experiencia inolvidable.
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lunes, 26 de agosto de 2013
lunes, 24 de junio de 2013
Gehrmann, un histórico de la Selección
(Por Matías Magán) Ernesto “Fino” Gehrmann nació en Oberá en 1945. Jugó en el club Tokio de Posadas, en
Gimnasia de la Plata, seis años estuvo en el Palmeiras de Brasil, volvió a Gimnasia, luego jugó
en Banco Provincia de Buenos Aires y finalizó su carrera en el Tokio. En la selección de Misiones
estuvo desde el 63 al 67. Además, jugó en el seleccionado de la provincia de Buenos Aires,
aunque después de este lapso volvió al seleccionado misionero desde el 77 al 84. Integró la
selección Nacional desde el 65 al 79. El basquetbolista misionero sigue llamando la atención por
sus más de dos metros de altura y también a la hora de dialogar con Deportes Semanario, donde
repasó su carrera.
- ¿Cómo llegás a la Selección?
- El Campeonato Argentino de Mendoza, en 1963, fue el que termina de darme el reconocimiento para llegar al equipo nacional. Fui como integrante de la selección de Misiones. Un año antes, cuando el torneo fue en Posadas, ya había sido preseleccionado. Pero mientras me entrenaba sentí miedo y me escondí en los montes de Colonia General Alvear, un pueblo cerca de Oberá, mi ciudad natal.
- ¿Cuándo superás ese trauma? ¿En qué momento debutás en la selección nacional?
- En Mendoza ya lo tenía superado al trauma. Impresionaba mi altura en ese momento, medía 2,06 metros. Hay una anécdota que recuerdo mucho, cuando caminábamos por las calles de Mendoza, un lugareño preguntó en tono de chiste: "¡Oigan! ¿Y a éste para qué lo tienen?". Gente de Misiones, que estaba conmigo, contestaron haciendo gala de su orgullo turístico: "¡Lo tenemos para pasarles el plumero a las Cataratas!". En la selección debuto tres años más tarde, en febrero del 66. Recuerdo que fue contra Paraguay, en Cosquín, jugando el torneo "Confraternidad Americana".
- ¿Cuándo te retirás? ¿Qué sensación te dejó tu paso por el equipo nacional?
- En 1978 cumplo mi última temporada internacional y hasta ese momento igualé el récord de permanencia en el equipo nacional, con doce años de trayectoria, todo esto era considerando mi debut y la última vez que jugué. Esa misma marca la tenían Rafael Lledó y Ricardo Alix. Hoy, si no me equivoco, con 16 años, ese récord lo tienen Carlos Raffaelli y Carlos Romano. Fue una época hermosa, el ser alguien y reconocido me ayudó a superar esos traumas que tenía y la vergüenza que me provocaba la altura. La gente me demostraba su cariño y eso no me voy a olvidar jamás. En su amplio abanico internacional se destaca su participación en seis Campeonatos Sudamericanos, tres Juegos Panamericanos y dos Mundiales (1967 y 1974).
- ¿Qué opinás de Luis Scola, el jugador que te arrebató el récord de puntos en la selección durante el Mundial de Turquía 2010?
- Luifa es un jugadorazo, aparte de ser un muy buen chico. Me puso muy contento, esa marca la tenía hace 36 años y para mí significó que el básquet argentino tiene un buen recambio, esta generación dorada quizás sea insuperable por la excesiva cantidad de logros que tuvo. Volviendo a Luis, tuve la oportunidad de jugar con su padre y mi hijo de jugar con él, así que lo conozco bastante y por eso me alegro mucho que haya sido él quien pasó esa marca. Es muy gracioso porque recién ahora la gente se enteró de que yo era el que más puntos tenía, la prensa antes no le daba tanta importancia a estas cosas. Después de haberse escondido aquella vez en los montes misioneros por miedo, Finito pisó la cancha en 24 países distintos, es un grande y sin dudas uno de los mejores deportistas argentinos del siglo XX.
- ¿Por qué clubes pasaste en tu carrera?
- De Tokio en Posadas me fui a Gimnasia y Esgrima La Plata y de ahí paso al Palmeiras en San Pablo, Brasil. Vuelvo a Gimnasia a mediados de los 70 y con ese gran equipo fuimos bicampeones de la Capital Federal.
- ¿Cómo ves a la selección de cara al mundial del 2014?
- Equipo tenemos, pero hasta no saber quiénes van a jugar está complicado. Lo que fue la generación dorada va a ser difícil de igualar y hoy la mayoría de ellos ya no está en el nivel de antes. Lo de Manu en la NBA es incalculable, te pone la piel de gallina. Luifa sigue teniendo grandes rendimientos como Delfino. Prigioni se terminó destacando en los Knicks a pesar de su edad. Como te decía, equipo tenemos pero hay que ver con que jugadores llegamos a la cita. Hay selecciones muy fuertes.
- ¿Cómo llegás a la Selección?
- El Campeonato Argentino de Mendoza, en 1963, fue el que termina de darme el reconocimiento para llegar al equipo nacional. Fui como integrante de la selección de Misiones. Un año antes, cuando el torneo fue en Posadas, ya había sido preseleccionado. Pero mientras me entrenaba sentí miedo y me escondí en los montes de Colonia General Alvear, un pueblo cerca de Oberá, mi ciudad natal.
- ¿Cuándo superás ese trauma? ¿En qué momento debutás en la selección nacional?
- En Mendoza ya lo tenía superado al trauma. Impresionaba mi altura en ese momento, medía 2,06 metros. Hay una anécdota que recuerdo mucho, cuando caminábamos por las calles de Mendoza, un lugareño preguntó en tono de chiste: "¡Oigan! ¿Y a éste para qué lo tienen?". Gente de Misiones, que estaba conmigo, contestaron haciendo gala de su orgullo turístico: "¡Lo tenemos para pasarles el plumero a las Cataratas!". En la selección debuto tres años más tarde, en febrero del 66. Recuerdo que fue contra Paraguay, en Cosquín, jugando el torneo "Confraternidad Americana".
- ¿Cuándo te retirás? ¿Qué sensación te dejó tu paso por el equipo nacional?
- En 1978 cumplo mi última temporada internacional y hasta ese momento igualé el récord de permanencia en el equipo nacional, con doce años de trayectoria, todo esto era considerando mi debut y la última vez que jugué. Esa misma marca la tenían Rafael Lledó y Ricardo Alix. Hoy, si no me equivoco, con 16 años, ese récord lo tienen Carlos Raffaelli y Carlos Romano. Fue una época hermosa, el ser alguien y reconocido me ayudó a superar esos traumas que tenía y la vergüenza que me provocaba la altura. La gente me demostraba su cariño y eso no me voy a olvidar jamás. En su amplio abanico internacional se destaca su participación en seis Campeonatos Sudamericanos, tres Juegos Panamericanos y dos Mundiales (1967 y 1974).
- ¿Qué opinás de Luis Scola, el jugador que te arrebató el récord de puntos en la selección durante el Mundial de Turquía 2010?
- Luifa es un jugadorazo, aparte de ser un muy buen chico. Me puso muy contento, esa marca la tenía hace 36 años y para mí significó que el básquet argentino tiene un buen recambio, esta generación dorada quizás sea insuperable por la excesiva cantidad de logros que tuvo. Volviendo a Luis, tuve la oportunidad de jugar con su padre y mi hijo de jugar con él, así que lo conozco bastante y por eso me alegro mucho que haya sido él quien pasó esa marca. Es muy gracioso porque recién ahora la gente se enteró de que yo era el que más puntos tenía, la prensa antes no le daba tanta importancia a estas cosas. Después de haberse escondido aquella vez en los montes misioneros por miedo, Finito pisó la cancha en 24 países distintos, es un grande y sin dudas uno de los mejores deportistas argentinos del siglo XX.
- ¿Por qué clubes pasaste en tu carrera?
- De Tokio en Posadas me fui a Gimnasia y Esgrima La Plata y de ahí paso al Palmeiras en San Pablo, Brasil. Vuelvo a Gimnasia a mediados de los 70 y con ese gran equipo fuimos bicampeones de la Capital Federal.
- ¿Cómo ves a la selección de cara al mundial del 2014?
- Equipo tenemos, pero hasta no saber quiénes van a jugar está complicado. Lo que fue la generación dorada va a ser difícil de igualar y hoy la mayoría de ellos ya no está en el nivel de antes. Lo de Manu en la NBA es incalculable, te pone la piel de gallina. Luifa sigue teniendo grandes rendimientos como Delfino. Prigioni se terminó destacando en los Knicks a pesar de su edad. Como te decía, equipo tenemos pero hay que ver con que jugadores llegamos a la cita. Hay selecciones muy fuertes.
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